CUENTOS PARA EL ALMA: EL ORIGEN
La historia de cómo nació la colección
Cuentos para el alma nació en el confinamiento, pero en realidad, muchos meses antes ya se estaba gestando de manera inconsciente.
Era 2019. Mi hijo Víctor, por aquel entonces, acababa de iniciar el primer curso de infantil I-3, y yo, paralelamente, había comenzado un postgrado de Terapia Corporal Integrativa.
En el primer trimestre de ese curso, I-3, el tema principal de estudio era la metamorfosis de la oruga en mariposa.
Por otro lado, yo estaba trabajando en aquel postgrado de Terapia Corporal, un ejercicio artístico-creativo de autoconciencia acerca del árbol, las raíces, las hojas, los frutos…
Todas estas partes, sin darme cuenta, estaban creando una sincronía de la que no me daría cuenta hasta un año más tarde, encajando perfectamente como si fueran las piezas de un puzle.
Llegó el confinamiento. El equipo docente del colegio de mi hijo, tuvo que adaptar las propuestas a esa nueva realidad que estábamos viviendo. Y nosotros, como padres, nos involucramos al máximo para que los niños no perdieran el contacto con sus compañeros de clase y con las profesoras del curso.
Uno de aquellos días, a través del classroom, recibimos una dinámica que marcaría un antes y un después en toda esta historia de “Cuentos para el alma”.
El ejercicio consistía en que, entre los padres e hijos del curso, teníamos que inventar un cuento.
El colegio daba la temática, los padres escribíamos la frase y los niños dibujaban. Empezaba una familia y el cuento iba creándose y tomando forma a medida que pasaba de familia en familia. Cuando la última familia escribió el desenlace, me di cuenta de que, entre todos, habíamos sido capaces de crear una historia preciosa.
Qué tiene que ver esto conmigo?
Pues que esta actividad me abrió la mente a una nueva posibilidad. Me di cuenta de que era posible escribir un cuento. Y, aunque con 9 años ya me encantaba escribir en diarios y libretas, nunca se me ocurrió que yo podría acabar dedicándome a la escritura.
Unos días más tarde de aquel ejercicio, estaba junto a mi hijo viendo una película de dibujos, “Toy Story”. Era ya entrada la noche. Estábamos los dos en el sofá y él se quedó dormido.
De repente, empezó a llegar una historia a mi mente… y una voz interior que me invitaba a coger papel y boli.
Comencé a escribir De Oruga a Mariposa: Cuentos para el alma. Pero mi pregunta fue:
— ¿Por qué “Cuentos para el alma”, si solo es uno?
En aquel momento no entendía el porqué, pero, aun así, confié en esa guía.
A la mañana siguiente, la repasé, modifiqué cuatro cosas y llamé a Miriam Carrillo, compañera y amiga. Recuerdo que, además de las clases de arte, ella también se dedicaba a la ilustración.
La llamé y le pregunté si ella podría ilustrar aquella historia.
Ella la recibió, la leyó y quedó alucinada. Aún recuerdo sus palabras
— ¡Esta historia es lo que yo estoy viviendo ahora mismo! ¡Tenemos que hacer un contrato porque esto va a ser muy grande!
Y así empezó nuestro viaje…
(Primeros bocetos del cuento “De Oruga a Mariposa”)
Sé que Cuentos para el alma es algo grande. Algo que ha llegado a través de mí para un beneficio mayor hacia el mundo. Eso es lo que me impulsa cada día a seguir dándole voz a estas historias.
¡Pero esto no es todo! Quiero revelarte por qué “Cuentos para el alma”(en plural), ¿si solo era uno?
Un año más tarde, cuando estábamos casi en la recta final de la edición, recordé todas las historias ancestrales que me encantaba explicar a mis alumnas en mis cursos y talleres. Cuentos que, a mí, personalmente, siempre me han ayudado a abrir mi mente y a conectar con más conciencia, confianza, amor o empatía.
En ese momento supe que aquellas historias que realmente me tocaban el alma tenían que formar parte de esta colección y llegar a esos corazones que están deseando abrirse a un nuevo nivel de amor.